31.10.2017 – La Voz de Asturias

El centro cultural avilesino inaugura el día 10 una extraordinaria muestra de dibujos del pintor británico con muestras de varias de sus series más características

Fragmento de uno de los dibujos de la colección que se expondrá en el Niemeyer

La Cúpula del Niemeyer será testigo de la confrontación del talento de dos de los colosos de la creación en el siglo XX. Y también todos aquellos que acudan al Centro Cultural avilesino para visitar la extraordinaria exposición que abre sus puertas el próximo 10. De una parte, la hospitalidad del espíritu sensual, luminoso y limpio del arquitecto Oscar Niemeyer; de otra, de algún modo en sus antípodas, la morbidez, turbiedad e inquietante magnetismo de Francis Bacon, representada por una de las partes menos conocidas de su producción: sus dibujos. Más de 70 piezas pertenecientes a la Francis Bacon Collection integradas en la singular muestra La cuestión del dibujo

Bajo comisariado de Fernando Castro Flórez, la exposición -que ya se ha exhibido en el Círculo de Bellas Artes de Madrid o en la Fundación Bancaja de Valencia- contiene una amplia selección de los dibujos que Bacon fue regalando a su amigo entre los años 1977 y 1992, el periodista Cristiano Lovatelli Ravarino, que a su vez las donó a la Francis Bacon Collection. Con técnicas variadas -lápiz, pastel, collage- las obras muestran el inconfundible mundo de Bacon, traspuesto a la inmediatez del dibujo.

Hasta fechas muy recientes, todo este material ha sido mirado con enormes cautelas y no poco cuestionamiento. Pero llegan a esta exposición plenamente confirmadas como obra de Bacon. Solo muy recientemente -y tras un largo rosario de litigios y certificaciones- se ha concedido plenamente la autoría de las piezas al autor inglés. De hecho, e interpretando de forma muy restrictiva unas conocidas declaraciones de Bacon, se consideraba que nunca había recurrido al dibujo, cuando en realidad lo que el pintor había confesado es que no realizaba bocetos para sus impresionantes pinturas.

La muestra está dividida en varios apartados, según las conocidas tipologías del repertorio baconiano: crucifixiones, retratos y autorretratos, figuras sentadas y, por supuesto, una serie dedicada a sus turbulentas variaciones sobre el Inocencio X de Velázquez. En todas ellas, la apoteosis y la decadencia de la carne que Bacon ha pintado seguramente como nadie se presentan de un modo muy poco conocido para el gran público, que los aficionados al arte asturianos -y seguramente de otras comunidades- podrán disfrutar en el aséptico contenedor del Niemeyer hasta el 8 de abril del próximo año.

J.C. Gea La Voz de Asturias

Salva